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La Coctelera

El Ojo Clínico

La visión más mordaz de la actualidad sanitaria española

15 Julio 2008

Un nuevo curso, una nueva enfermería

Llega por fin el tan ansiado verano y con él, los días de descanso y tranquilidad para recuperar fuerzas de cara al próximo curso. Dejamos atrás unos meses en los que la profesión ha defendido con uñas y dientes aquello que había ganado ya de facto hace muchos años pero que, sin embargo, no había visto reconocido en un desarrollo legislativo. Me refiero por supuesto a la prescripción enfermera que se ha visto claramente avalada por la realidad asistencial y las altas cuotas de calidad y excelencia con las que las enfermeras prestan su asistencia a los pacientes. Hace unas semanas tenía ocasión de hablar informalmente con varios presidentes de sociedades científicas médicas que reconocían que la profesión enfermera estaba reivindicando la realidad asistencial y que había llegado el momento de dejar a un lado la polémica y empezar a trabajar para aportar soluciones.

Lo cierto es que los pasados meses tan convulsivos y de tanta intensidad profesional han dado paso a una situación más tranquila donde se habla de soluciones concretas y, hoy en día, se puede escuchar al ministro de Sanidad, Bernat Soria, reconocer abiertamente que está dispuesto a cumplir con su palabra y dar legalidad y seguridad jurídica a todas las actuaciones enfermeras en las que toman decisiones concretas respecto a medicamentos, o lo que es lo mismo, se prescribe. Soria confirma a todo el que le pregunta sobre el tema que va a dar la mejor solución posible a la enfermería de cara a que puedan seguir haciendo su trabajo con plenas garantías de seguridad jurídica. Y cuando digo que se lo dice a todo el mundo, incluyo al presidente del Consejo General de Enfermería, a los medios de comunicación y a los diputados que conforman la Comisión de Sanidad del Congreso.

La palabra de Soria
Cuando un Ministro da su palabra, y en este caso de forma reiterada y ante numerosos testigos, la seriedad institucional que ha de regir en entidades como la Organización Colegial de Enfermería obliga a asumir un pacto entre caballeros y esperar que un representante público de semejante calibre esté diciendo la verdad. No es, por tanto, de recibo seguir machacando al Gobierno sin dar la más mínima tregua esperando cualquier oportunidad de salir en los papeles, y léase como tales los medios de comunicación. Y una buena muestra de ello es la actitud adoptada por Máximo González Jurado desde que tiene el compromiso de Bernat Soria. Si bien el presidente del Consejo General de Enfermería no ha dejado ni un momento de denunciar la situación de ilegalidad en la que se encuentra la profesión enfermera tras la aprobación de la Ley del Medicamento, González Jurado ha dejado bien claro que la profesión confía en la palabra de Soria y que espera la mejor solución posible a este conflicto nunca deseado desde la enfermería.

Desde mi humilde punto de vista puedo señalar que cuando tuve ocasión de entrevistar a Soria (ENFERMERÍA FACULTATIVA Num. 112) tuve la impresión de que estaba ante un hombre sincero que estaba dispuesto y decidido a cumplir con su palabra respecto a la prescripción enfermera. Con el paso de los meses he podido ratificar esta impresión en aquellos miembros de su equipo con los que tengo ocasión de hablar en confianza en algunas ocasiones. Y ésta es la misma impresión que tienen los periodistas sanitarios con los que tengo una buena relación.

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10 Junio 2008

Cuando “mi mente es mi enemigo”

Existen pocas patologías tan crueles en el padecimiento como aquellas que se circunscriben a la salud mental, patologías como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, los trastornos de la personalidad, la depresión etc. Todas ellas graves enfermedades que, si bien producen importantes perjuicios al paciente, probablemente los que salen peor parados son los familiares. Todos ellos víctimas colaterales de las consecuencias de un padecimiento que puede producir cambios radicales en la personalidad de una persona a la que quieren, a la que aprecian sinceramente y con la que se sienten tan a gusto a su lado. Sin embargo por alguna razón concreta que la ciencia no tiene siempre del todo claro, ese familiar o amigo deja de repente de ser él para convertirse, ya sea por momentos o de forma continuada, en otra persona diferente que dependiendo de la patología, podría incluso actuar en contra de si mismo y de los seres queridos.

Uno concibe la enfermedad como una alteración del estado de salud de las personas que, dependiendo de su severidad, irá acompañada de dolor o padecimiento en mayor o menor medida. En este sentido nuestra idea de familia o amigo enfermo es la de la misma persona y personalidad que nosotros tenemos clasificada en nuestra mente, sufriendo una patología concreta. Un acontecimiento donde siempre será fácil ofrecer y facilitar nuestra ayuda y solidaridad al enfermero, en tanto en cuanto es alguien por el que sentimos un amor que además es recíproco.

Sin embargo este concepto al uso de enfermedad se hace añicos con cuando se trata de patologías que afectan a la salud mental. Aquellas donde ese familiar o amigo se ve inmerso en un proceso patológico a consecuencia del cual, deja de ser esa persona que tanto nos gustaba para convertirse en alguien infinitamente menos atractivo ya sea porque es por ejemplo, alguien terriblemente huraño, o agresivo, o melancólico, o una persona sin interés alguno por la vida o por si mismo. Si ante una enfermedad grave, ya sea propia o de un familiar, es cuando uno tiene capacidad verdadera para discernir quien es de verdad nuestro amigo y quien es mero charlatán, en el caso de las enfermedades mentales dicha criba podría considerarse la verdadera la prueba de fuego de la amistad.

Hace un pare de meses cayó en mis manos un libro escrito por David Ruipérez junto a Lorena L. Lobo. Ruipérez es un buen periodista especializado en salud, un profesional de rigor informativo que es redactor de sociedad de La Razón y editor de su suplemento A tu Salud que todos los domingos acompaña a este periódico. La curiosidad de conocer bien a uno de sus autores y el buen concepto profesional que tengo de él me llevó a animarme a meter el libro en la cartera del ordenador que recorre conmigo España en los diferentes actos y jornadas a las que acompaño al presidente del Consejo General de Enfermería. Comencé a leer el libro en un AVE y acabé en apenas dos o tres días. Se trata sin duda de una magnífica obra que les recomiendo desde estas líneas para que les acompañe en los días de verano. Un libro valiente que aborda sin complejos un tema tan delicado como las enfermedades mentales y que te enseña la verdad de cada una de ellas y el martirio que han de pasar los pacientes y sus familias ante una situación y unas circunstancias en las que, no olvidemos nunca, podemos vernos inmersos cualquiera de nosotros a lo largo de nuestra existencia.

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13 Mayo 2008

Toda una vida trabajando por el desarrollo de su profesión: la enfermería

Hace unas semanas, fallecía la doctora Myriam Ovalle. Enfermera, trabajadora incombustible, experta en sanidad internacional y mano derecha del presidente del Consejo General para los temas internacionales, la doctora Ovalle ha sido y será una persona imprescindible para entender los logros conseguidos por la profesión. Tal y como declara en esta revista el propio Máximo González Jurado, el desarrollo profesional conseguido en los últimos años por la enfermería sería impensable sin la aportación de la doctora Ovalle. Su conocimiento de los diferentes modelos sanitarias hizo posible exportar lo mejor de todos ellos para conseguir una definición de las funciones, una Licenciatura y unas especialidades que van a convertir a la enfermería española en la más avanzada del mundo.

Gran profesional, mejor persona
La grandeza de una persona se mide por el vacío que deja en los corazones cuando se marcha. Y la pérdida de la doctora Ovalle ha sumido en profunda tristeza a todos y cada uno de los que trabajamos en Organización Colegial de Enfermería, y que la recordaremos siempre con respeto, cariño y admiración. Desde los más cargos institucionales, que apenas podían contener las lágrimas a los propios trabajadores, compañeros durante tantos años, que también sentíamos en nuestros corazones el latigazo de quien pierde a alguien a quien aprecia con sinceridad y cariño.

Para mí, personalmente, aquel fatídico día se iba una de las personas con quien más he aprendido sobre sanidad en mis días como informador de salud. Aún recuerdo mi aterrizaje hace casi cinco años en el Consejo General de Enfermería, donde me encontré un torrente de proyectos y reivindicaciones tan diferentes como complejos para una persona que había crecido ajena a este mundo. Mis obligaciones como emisor de los mensajes de la profesión enfermera hacían necesario traducir a un lenguaje sencillo cada uno de estos proyectos de cara a informar a los medios de comunicación. Y para conseguir hacer realidad esta faraónica labor, el despacho de la doctora Ovalle siempre estuvo abierto. Siempre estaba dispuesta a explicar cada proyecto, revisar mis textos y poner a mi disposición los trabajos científicos y la literatura existente sobre cada uno de estos temas. La doctora Ovalle se sentaba conmigo y demostraba su vocación docente con absoluta paciencia.

Luchadora incansable
Hace unos meses escribía en esta misma página sobre el alto precio que pagan los profesionales sanitarios por el hecho de conocer o poder conocer todo sobre las enfermedades. Este saber conlleva una renuncia al derecho que tenemos el resto de los mortales a afrontar cualquier enfermedad muy grave con la esperanza con la que lucha el ingenuo o el ignorante, agarrándose a ese clavo ardiendo que es el “quizás yo sí me salve”. Esta circunstancia acompañó, sin duda, a Myriam desde el primer diagnóstico de su enfermedad, y, aún así, ella supo afrontar su situación con absoluta entereza y dignidad. Un ejemplo a seguir por todos los que la conocimos y que la recordaremos siempre como asesora y experta, como amiga y compañera, como luchadora incansable por su profesión en todas y cada una de las batallas emprendidas desde la que fue, es y será siempre, su organización colegial.

“La grandeza de una persona se mide por el vacío que deja en los corazones cuando se marcha”

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15 Abril 2008

Llegó la hora de la verdad

Se revelado el misterio de los últimos diez días. Por fin hemos sabido que Bernart Soria va a renovar su cargo de ministro de Sanidad y Consumo. Me atrevería a aventurar que, con este hecho, se cumple no sólo la que era nuestra quiniela sino también la del propio Ministro. No en vano, en la entrevista que le realizamos hace tres meses le hicimos la pregunta de rigor de si él contaba con repetir en la próxima legislatura. Aunque contestó con un “eso sólo lo sabe Zapatero”, sus palabras iban a acompañadas de una mirada pícara en la que estoy convencido que se apreciaba una respuesta afirmativa.

Al margen de cualquier ideología política —partimos del hecho de que va a gobernar el PSOE sí o sí, y es al presidente Zapatero a quien le toca elegir ministros—, creo sinceramente que se trata de una buena noticia porque este médico e investigador valenciano se merece un periodo de mandato superior a los escasos ocho meses que ha tenido para poder patronear el barco de la sanidad española. Un periodo muy corto en el que, sin embargo, ha sido capaz de devolver la ilusión a un sector que todavía está lamiéndose las heridas que causó Elena Salgado en su “desafortunada” gestión del mismo cargo. Y es que, la realidad pasa porque la inmensa mayoría de estas informaciones “incómodas” lanzadas contra Soria en plena campaña electoral se refieren a proyectos y decisiones que fueron tomadas por Elena Salgado y que Bernat Soria recibió como una herencia envenenada.

Herencia envenenada
El equipo de Bernat Soria ha optado por no defenderse ante estas informaciones negativas por la sencilla razón de que la verdadera responsable, es decir Elena Salgado, está su mismo bando (o partido político). Una circunstancia ante la que el actual Ministro ha optado por callar y capear el temporal como buenamente podía. Decisión que dice mucho de Soria y de su equipo de asesores, y demuestra elegancia y gallardía en un sector como la política donde la tendencia es el “todo vale”. No olvidemos que, en plena campaña electoral —que es cuando afloran las noticias negativas de unos y otros—, los electores hemos sido testigos de cómo otros políticos de la familia socialista no han seguido su ejemplo, y, ante “marrones” heredados y publicados en los medios, han señalado con el dedo acusador a sus predecesores provocando un alargamiento en el tiempo de las críticas mediáticas y un mayor daño a su partido.

Bernat Soria afronta una nueva legislatura en la que deberá dar respuesta a muchos problemas que se han quedado en espera del resultado de las elecciones. El primero de ellos, y más urgente, es la prescripción enfermera, una situación con la que el Ministro asumió el compromiso firme y decidido de resolver. Compromiso que ratificó ante mi grabadora en el mes de febrero. Otro tema pendiente son las especialidades de enfermería que abordamos en este mismo número y que ahora están en manos de cada una de las siete Comisiones Nacionales. Esperamos que su gestión con la enfermería siga siendo igual de productiva y cercana, y no nos haga cambiar de discurso. La sensación personal que tengo es buena.

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12 Marzo 2008

España le da Bernat Soria la oportunidad de convertir en hechos los tres compromisos que adquirió con la enfermería

Celebradas las elecciones generales ya sabemos que los próximos cuatro años vamos a seguir con el mismo presidente del Gobierno y, si mis informaciones son ciertas, esto significa que el actual ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, va a renovar su cargo. Una circunstancia que entra dentro de la lógica por dos razones. La primera es la brevedad del actual mandato: tras la oportuna llamada de Zapatero, Soria dejó su puesto en el laboratorio para hacerse cargo del ministerio, es muy improbable, por no decir imposible, que no tuviese apalabrada ya la renovación y aceptase la cartera a ciegas o por un periodo de tan sólo siete meses, que es el tiempo que lleva en el cargo. La segunda es que, hasta el momento, Soria está haciendo razonablemente bien su trabajo.

Es cierto que todavía existen muchos temas pendientes que necesitan ser abordados urgentemente por Bernat Soria, pero hay que ser consecuentes con el escaso plazo de tiempo que ha tenido. Y en estos siete meses ha conseguido devolver la paz, la estabilidad y la cordialidad a ese sector sanitario que había sido ninguneado y maltratado por Elena Salgado en la etapa anterior. Y es que la predecesora de Soria estaba convencida que su responsabilidad se limitaba a hacer campañas de marketing centradas únicamente en la salud pública y los buenos deseos, y pasaba olímpicamente de los profesionales. No es de extrañar por tanto que aquella iniciativa tan surrealista de Soria que proponía una “revolución” en el sistema de tallas de mujeres – aquello de la mujer campana, diábolo y cilindro que tanto dio que hablar – era en realidad una herencia envenenada que puso en marcha en su día Salgado.

En el ámbito concreto de la sanidad suele resultar irrelevante la ideología con la que unos u otros nos identifiquemos, todo depende más de la capacidad personal del ministro y de la gestión que lleve a cabo. Y todo indica que la continuidad de Soria será buena para la profesión enfermera porque en la entrevista que le hice en estas mismas páginas hace un mes, se apreciaba una alta sensibilidad hacia esta profesión. Uno ya va conociendo a la clase política y, en este caso, tuve la percepción clara de que las palabras de Bernat Soria eran sinceras y no respondían a un arrebato electoralista de esos que llevan a los políticos a alabar a cualquiera que tengan delante, independientemente de quien sea, y con el único fin de conseguir su voto en las elecciones.

La historia ha querido darle a este médico investigador y antiguo profesor de enfermería la oportunidad de demostrar si de verdad tiene intención de materializar los tres compromisos que adquirió no sólo frente a mí, sino también frente a dos grandes periodistas sanitarias como son Elena Acebes (Metas) y María Jesús Nadal (Rol): la legalización de la prescripción enfermera mediante la publicación inmediata en el BOE de la Orden Ministerial que desarrolla la disposición adicional duodécima de la Ley del Medicamento; el pleno desarrollo de las especialidades de enfermería a lo largo de esta nueva legislatura (de las siete especialidades hay cinco todavía pendientes); y el desarrollo de nuevas competencias para la profesión como consecuencia de su conversión en un grado (licenciatura) de cuatro años. Estaremos expectantes.

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10 Marzo 2008

La "nueva vida " y su padre

Hace tres meses publicaba en este blog un artículo llamado "Una nueva vida" en el que relataba mi experiencia con las enfermeras que participaron en el naciemineto de mi tercer hijo, Pablo. Este artículo, que fue también publicado en la revista Enfermería Facultativa, tuvo una buena repercusión entre aquellos profesionales de la sanidad y de la comunicación con quienes me relaciono más a menudo. Fueron muchas los amigos y conocidos que me felicitaron - por mi paternidad - y me aseguraron sentirse representados en mis líneas.

Permitanme estas personas que les presente a quien era uno de los protagonostas del artículo: mi hijo Pablo. Y digo "uno de los protagonistas" porque creo que el otro papel principal estaba reservado a quienes eran los profesionales que le trajeron al mundo y le cuidaron.

Mirenle como se rie mientras mira a su padre, espero que no sea una señal de rebeldía.

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26 Febrero 2008

La entrevista "real" a Bernat Soria

La magia —entendida como entretenimiento— es todo un arte milenario que se basa en hacer pensar a nuestro público que existe un mundo paralelo de ilusiones donde las cartas vuelan, las palomas desaparecen y las personas son cortadas por la mitad sin sufrir daño alguno. Los que estén dispuestos a adentrarse en esta realidad disfrutarán de cada truco de magia, y lo harán siendo conscientes de que, aunque de alguna manera, el ilusionista nos está engañando, es muy bueno mantener un mínimo resquicio de ingenuidad para disfrutar de verdad el espectáculo.

Algo parecido ocurre en la comunicación, donde, cuando se tiene la oportunidad de conocer el engranaje de este motor, es inevitable sentir cierta desilusión. Un ejemplo del desencanto viene al saber el alto porcentaje de entrevistas a personalidades políticas y empresariales publicadas en prensa que no han sido contestadas realmente por el sujeto. El verdadero autor es un colaborador, más o menos directo, que cumplimenta un cuestionario que es devuelto al redactor junto a 2 ó 3 fotos que, generalmente, ni siquiera se han tomado para la ocasión. El porcentaje de estas entrevistas es directamente proporcional a la importancia del sujeto entrevistado, por lo que un Ministro —del Presidente del Gobierno ni hablamos— sólo gasta su tiempo contestando a las entrevistas cuando se trata de medios muy valorados o, directamente, diarios nacionales, emisoras de radio e informativos de televisión.

Al final, estas circunstancias anteriormente expuestas pasan desapercibidas: la entrevista se publica y los lectores, que no sospechan nada, imaginan al redactor, grabadora en mano, preguntando al Ministro de forma incisiva. Y mientras el público no sepa que está leyendo un cuestionario enviado por email, que ha sido contestado por un asesor y cuyo resultado ni siquiera ha sido revisado por el supuesto entrevistado, la magia de la comunicación pervive.

Una entrevista “real”
Con lo expuesto anteriormente no pretendo fastidiarles la lectura de todas las entrevistas que, a partir de ahora, caigan en sus manos, sino ponerles en antecedentes en cuanto a la relevancia del hecho de que un Ministro de Sanidad y Consumo haga un hueco en su agenda y conceda una entrevista “presencial” y de casi dos horas de duración a los principales medios de comunicación del ámbito de la enfermería. A esta circunstancia cabe sumarle el contenido de la entrevista, en absoluto condescendiente: Bernat Soria contestó a un total de 23 preguntas que incluyeron los temas más incómodos. Y lo hizo en un momento caracterizado por la cercanía de las elecciones y el ambiente creado por el discurso radicalizado de las organizaciones médicas más corporativistas, que han puesto en marcha una campaña bochornosa centrada en desacreditar a la profesión enfermera para evitar a toda costa la tan necesaria regulación del “uso o autorización” de medicamentos por la enfermería.

Anímense a leer la entrevista, porque van a ser testigos del apoyo claro y decidido de Soria por una profesión sanitaria que afronta su futuro. De hecho, les recomiendo la versión íntegra de la misma donde encontrarán respuesta a gran parte de sus dudas sobre el futuro que Bernat Soria quiere para la sanidad española. Está a su disposición en la web de la Enfermería española: www.enfermundi.com

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29 Enero 2008

El prestigio perdido

Aunque pueda parecer sorprendente, hay veces que en mis avatares en la sanidad me llegan recuerdos de los tiempos en los que trabaja en una agencia de comunicación en la que tenía clientes multinacionales que se enfrentaban cada mes a la prueba de fuegode la valoración bursátil de la Bolsa. Los ciudadanos decidían sí estas empresas merecían su confianza o no comprando o vendiendo sus acciones. En sanidad ocurre lo mismo pero sin compra venta de acciones, son los medios de comunicación los que juzgan a las instituciones y es su reflejo mediático el que nos dice quien debe ser tenido en cuenta o no en base al prestigio real que tengan. Pero el prestigio no es algo que se consiga para la perpetuidad, ni mucho menos. El prestigio es algo que logra tras mucho esfuerzo y muchos años de intenso trabajo y que, sin embargo, igual que pasa con la confianza de los inversores, se pierde en una sola semana.

En medicina existe una organización llamada Federación de Asociaciones Científico Médicas de España (FACME) que aglutina a más de una treintena de sociedades científicas de médicos y que, hasta el momento, era conocida por su clara independencia. Una imagen social conseguida por el que ha sido hasta hace muy poco su presidente: José María Lobos. Un médico moderno con verdadero prestigio profesional, buen conocedor de la realidad sanitaria y defensor del trabajo en equipo como única alternativa posible la excelencia sanitaria. Una buena muestra de esta independencia es que, hasta el momento, FACME se había posicionado claramente a favor de la prescripción enfermera, reconociendo que los enfermeros ya están prescribiendo diariamente en el Sistema Nacional de Salud y asegurando, además, que resulta imprescindible que lo sigan haciendo. Ni un solo órgano enfermero le había pedido a FACME dicho apoyo, pero sus dirigentes eran gente que además de ejercer como tales trabaja en el Sistema Nacional de Salud y, por tanto, sabía que la prescripción farmacológica está presente diariamente en el trabajo de los enfermeros.

Campaña de presión
Sin embargo, este apoyo resultaba terriblemente incómodo para otras organizaciones médicas ancladas en el pasado, aquellas que creen que el tiempo quedó congelado en los días del “yo ordeno y mando” que la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) se ocupó de enterrar para siempre. Y es que, en el debate político sanitario de la prescripción enfermera, se está poniendo de manifiesto que hay muchos interlocutores que no conocen las reglas del juego establecidas por la LOPS y que dictaron la plena autonomía profesional y científica de la enfermería respecto de su ámbito competencial. Volviendo al tema que nos ocupa, el caso es que estas instituciones no podían soportar el hecho de que FACME no pensase como ellos y, aprovechandoque el pasado mes de diciembre celebraban elecciones para renovar la junta de gobierno, pusieron en marcha una campaña de presión dirigida a algunas de las sociedades que la conforman y centrada en infundir miedo respecto a un futuro apocalíptico sin médicos en el que los enfermeros prescribirían todo el vademécum.

Resulta chocante que una amenaza tan absurda – de hecho raya la estupdez – acabase convenciendo parte de las sociedades que conforman FACME y que provocase la presencia en las elecciones de sociedades que hasta el momento habían permanecido inoperantes, desconocidas. La amenaza apocalíptica resultó eficaz y supuso el exilio de aquellos que habían osado decir la verdad y reconocer a la enfermería el papel que realiza en el SNS. No importa el prestigio que FACME había conseguido bajo su cargo, no importan los congresos y jornadas llenos hasta la bandera, ni las negociaciones ganadas a las autoridades sanitarias. Solo importó su apoyo a la enfermería, un apoyo que les costó a todos ellos el cargo.

El exilio de quienes magníficamente habían dirigido esta federación científica trajo consigo también la llegada a la vicepresidencia de FACME del núcleo más duro y conservador de la medicina: José Manuel Bajo Arenas, presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). Bajo Arenas se ha hecho recientemente famoso por ser el adalid contra uno de los proyectos más bonitos y socialmente apoyados del actual Ministro de Sanidad. Aquel que se centra en el fomento de un parto más natural, más humano, y en el que el criterio de la madre tenga más protagonismo. Como era de esperar, se puso manos a la obra y comenzó a trabajar duro para conseguir que la independencia que caracteriza a FACME se convierta en historia y acoja como propios los criterios contrarios a devolver la seguridad jurídica a las decisiones respecto a fármacos que llevan a cabo diariamente los enfermeros en los centros de salud.

Pero un cambio de criterio institucional tan radical tiene su precio ante los medios de comunicación y ante la sanidad en general, y es un precio muy alto porque ha de pagarse en una moneda que no todo el mundo quiere o puede ganar: la credibilidad. La imagen que FACME está bajando enteros cada día y todo apunta que estamos ante una caída libre puesto que hoy nos hemos despertado con la noticia de que el actual presidente de FACME dimitía tras ser el único de la nueva junta que mantenía las tesis que, como recordaba África Mediavilla – miembro de la anterior junta de gobierno – a Diario Enfermero, fueron apoyadas hace sólo un mes por la inmensa mayoría de las sociedades presentes en ella. ¿Qué ha cambiado en tan sólo un mes?.

Piedras contra su tejado
Resulta triste que haya sido la sociedad de los ginecólogos, claros beneficiarios de la cuantiosa prescripción farmacológica que realizan diariamente las matronas, quienes puedan llegar a conseguir un incomprensible cambio de posicionamiento de FACME. Alguien debería informar a las matronas del hospital donde este hombre es Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología, de los méritos que está llevando a cabo en contra de la enfermería. Quizás cambiase de opinión si las matronas que están haciendo el trabajo duro de su servicio se dedicasen a cumplir estrictamente con la legalidad durante 24 horas y dejasen de prescribir oxitocina, analgésicos o medicamentos para la inhibición de la lactancia. Quizás cambiase de opinión o quizás sean sus compañeros los que le obligaran a hacerlo porque, tal vez el problema está en que siendo como es un jefe, ha podido olvidarse de cuales son los engranajes que hacen funcionar el servicio.

Por cierto he vuelto para quedarme, prometo traerles la actualidad sanitaria como poco, una vez por semana. No dejen de visitarme, no les defraudare.

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