Cuando “mi mente es mi enemigo”
Existen pocas patologías tan crueles en el padecimiento como aquellas que se circunscriben a la salud mental, patologías como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, los trastornos de la personalidad, la depresión etc. Todas ellas graves enfermedades que, si bien producen importantes perjuicios al paciente, probablemente los que salen peor parados son los familiares. Todos ellos víctimas colaterales de las consecuencias de un padecimiento que puede producir cambios radicales en la personalidad de una persona a la que quieren, a la que aprecian sinceramente y con la que se sienten tan a gusto a su lado. Sin embargo por alguna razón concreta que la ciencia no tiene siempre del todo claro, ese familiar o amigo deja de repente de ser él para convertirse, ya sea por momentos o de forma continuada, en otra persona diferente que dependiendo de la patología, podría incluso actuar en contra de si mismo y de los seres queridos.
Uno concibe la enfermedad como una alteración del estado de salud de las personas que, dependiendo de su severidad, irá acompañada de dolor o padecimiento en mayor o menor medida. En este sentido nuestra idea de familia o amigo enfermo es la de la misma persona y personalidad que nosotros tenemos clasificada en nuestra mente, sufriendo una patología concreta. Un acontecimiento donde siempre será fácil ofrecer y facilitar nuestra ayuda y solidaridad al enfermero, en tanto en cuanto es alguien por el que sentimos un amor que además es recíproco.
Sin embargo este concepto al uso de enfermedad se hace añicos con cuando se trata de patologías que afectan a la salud mental. Aquellas donde ese familiar o amigo se ve inmerso en un proceso patológico a consecuencia del cual, deja de ser esa persona que tanto nos gustaba para convertirse en alguien infinitamente menos atractivo ya sea porque es por ejemplo, alguien terriblemente huraño, o agresivo, o melancólico, o una persona sin interés alguno por la vida o por si mismo. Si ante una enfermedad grave, ya sea propia o de un familiar, es cuando uno tiene capacidad verdadera para discernir quien es de verdad nuestro amigo y quien es mero charlatán, en el caso de las enfermedades mentales dicha criba podría considerarse la verdadera la prueba de fuego de la amistad.
Hace un pare de meses cayó en mis manos un libro escrito por David Ruipérez junto a Lorena L. Lobo. Ruipérez es un buen periodista especializado en salud, un profesional de rigor informativo que es redactor de sociedad de La Razón y editor de su suplemento A tu Salud que todos los domingos acompaña a este periódico. La curiosidad de conocer bien a uno de sus autores y el buen concepto profesional que tengo de él me llevó a animarme a meter el libro en la cartera del ordenador que recorre conmigo España en los diferentes actos y jornadas a las que acompaño al presidente del Consejo General de Enfermería. Comencé a leer el libro en un AVE y acabé en apenas dos o tres días. Se trata sin duda de una magnífica obra que les recomiendo desde estas líneas para que les acompañe en los días de verano. Un libro valiente que aborda sin complejos un tema tan delicado como las enfermedades mentales y que te enseña la verdad de cada una de ellas y el martirio que han de pasar los pacientes y sus familias ante una situación y unas circunstancias en las que, no olvidemos nunca, podemos vernos inmersos cualquiera de nosotros a lo largo de nuestra existencia.
