Las elecciones celebradas el pasado mes de mayo han cambiado considerablemente el panorama político de toda España y esto ha tenido importantes consecuencias en nuestro sector. El cambio de color político ha supuesto un baile de consejeros y consejeras de sanidad que se ha visto reforzado por comunidades autónomas como Madrid, Murcia o Extremadura que, a pesar de no haber cambiado la ideología de su presidencia autonómica, si que se ha aprovechado el inicio de una nueva legislatura para realizar movimientos en las responsabilidades que han afectado de lleno a la gestión sanitaria.

Misión Imposible
A estos cambios toca sumar el nombramiento del nuevo ministro de Sanidad y Consumo que, como ya sabe todo el mundo a estas alturas, ha recaído en la figura del investigador Bernat Soria. El sector no ha acogido esta noticia con excesiva pasión, pero esto ha sido fundamentalmente al escaso poder de maniobra que va tener ante la inminencia de las próximas elecciones generales. Quien sabe… quizás todavía de tiempo a poner en marcha algún proyecto legislativo que sepa dar respuesta a los importantes temas pendientes. Más aun, cuando su perfil es el de una persona sin experiencia en la gestión de entidades sanitarias. Un factor que, en principio, corre en su contra puesto que si cualquier gestión sanitaria ye es especialmente compleja, llevar el timón del Ministerio de Sanidad y Consumo es una misión casi imposible.

Especialidades enfermeras
En cuanto a la gestión de su predecesora, Elena Salgado, cabe destacar que ha tenido más sombras que luces. No obstante hay que reconocer que la gestión de Salgado ha tenido dos importantes méritos, que no es poco. El primero de ellos fue hacer una Ley del Tabaco que ha llevado más oxigeno a los lugares de trabajo pero que ha resultado excesivamente permisiva con los restaurantes y locales comerciales. Muestra de ello es que el 99,9% de los locales de menos de 100 m2 ha optado por la opción más insalubre y permite a la minoría fumadora intoxicar a la mayoría ciudadana. Y el segundo mérito de Elena Salgado fue tener los reflejos políticos suficientes para permitir que las especialidades de enfermería siguieran su curso y se aprobara el real decreto que hoy ya es una normativa más.

Hablamos de dos iniciativas que podían haber colocado a Elena Salgado entre las ministras más respetadas por los ciudadanos y por el sector. Sin embargo sus tres años al mando de la sanidad nacional le dio la oportunidad de ensombrecer estos méritos con actuaciones como la que mantuvo durante la tramitación de la Ley del Medicamento en la que se negó a escuchar a la profesión y llego a decir que no apostaba por la prescripción enfermera para no disminuir la seguridad de los pacientes. Otro suspenso en su labor ha sido la incapacidad demostrada a la hora de establecer unos mínimos respecto a las carreras profesionales aprobadas en España.

El resultado no puede ser más catastrófico para los profesionales: en la actualidad hay 15 carreras profesionales radicalmente distintas entre sí puesto que tienen diferentes niveles, distintos criterios evaluadores y dispares varas de medir los meritos profesionales y científicos que permiten diferenciarse de los demás. Y estamos a la espera de otras 2 que están pendientes: Aragón que ya ha firmado una acuerdo con los profesionales y Navarra que pasará a la historia como la primera comunidad autónoma en desarrollar la carrera profesional de los médicos y la última en hacerla con los enfermeros.