El 12 de mayo se celebró, en todo el mundo, el Día Internacional de la Enfermera y, en el Consejo General de Enfermería de España, desarrollamos una campaña en positivo, destacando el perfil actual de las enfermeras y su aportación a la salud de las personas. Existen otros 364 días del año para hacer llegar a los ciudadanos las carencias y dificultades con las que se encuentra la profesión enfermera a la hora de prestar su asistencia sanitaria a la sociedad. Sin embargo, existiendo como existe un día dedicado a la enfermería, es mejor hacer de él una fecha festiva, un día de reconocimiento y gratitud hacia estos profesionales —la gran mayoría de ustedes, lectores— que hacen posible que la sanidad funcione diariamente y que los ciudadanos puedan tener acceso a la asistencia sanitaria.

Escasez mundial de enfermeras
Sin embargo, el contenido del material distribuido por el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) no puede pasar desapercibido ni a la profesión, ni a la sociedad ni a los medios de comunicación. Este dossier —que el lector podrá encontrar en la web www.enfermundi.com—, viene a confirmar lo que la Organización Mundial de la Salud ya había adelantado hace unos años: el mundo asiste a una grave crisis de recursos humanos de enfermería. Una realidad que es vista por las instituciones sanitarias internacionales con cierta alarma, puesto que está empezando a afectar negativamente a los servicios sanitarios de muchos países.
En cuanto a las causas de este déficit, el CIE pone de manifiesto que, independientemente de aquellas que atañen a las múltiples características de cada región, existe un denominador común en todos los países que adolecen de este problema: las condiciones y circunstancias que deben soportar las enfermeras y enfermeros a la hora de desarrollar su trabajo. Cabe destacar que, gran parte de estas condiciones detalladas por el CIE son, hoy en día, aplicables a cualquier enfermero o enfermera que trabaje en nuestro país: la sobrecarga asistencial, las condiciones laborales, las jornadas interminables, la falta de un reconocimiento profesional acorde al trabajo realmente realizado por la profesión, la negación sistemática de permisos para realizar formación continua o los riesgos existentes en el lugar de trabajo.

Una solución inminente
La desmotivación e insatisfacción que está imperando en las enfermeras de gran parte de los países desarrollados, está llevando a muchos profesionales a tirar la toalla definitivamente. Así, en el Reino Unido, Alemania o Estados Unidos, el 22% de las enfermeras está sopesando seriamente abandonar, en el plazo de un año, la profesión para la que tanto se han preparado y han trabajado a lo largo de sus vidas. El vacío dejado por estas enfermeras es, frecuentemente, cubierto por profesionales traídas de todos los países del mundo, incluyendo España, donde cada enfermera que emigra es una terrible pérdida para nuestro sistema, que requeriría un 50% más de profesionales para mejorar el entorno de trabajo en el ámbito de la sanidad y evitar que sigamos la misma trayectoria que los países anteriormente citados. Desgraciadamente, nuestros gestores no terminan de ver el problema, y la gente sigue creyendo que el hecho de que cientos de enfermeras emigren cada año a otros países es una buena noticia.