Trinidad Jiménez ha defendido abiertamente la prescripción enfermera - con todas sus palabras - en todas y cada una de las entrevistas ha que venido concediendo a medios generalistas y especializados
Todo indica que los cambios en el Ministerio de Sanidad (y Política Social) no van a suponer grandes modificaciones de cara a mantener las magníficas expectativas que tiene la profesión. Trinidad Jiménez ha hecho una apuesta continuista manteniendo como secretario general de Sanidad a José Martínez Olmos, un hombre que conoce nuestro sistema al dedillo y es perfectamente consciente de qué es lo que ocurre diariamente en hospitales y centros sanitarios. A esto, hay que sumarle el hecho de que la nueva ministra sea una mujer valiente, sin complejos y que habla de prescripción enfermera con todas sus palabras -es decir, sin emplear atajos semánticos a modo de "uso" o "autorización del uso"- y que, además, defiende abiertamente su idoneidad por necesidades del sistema y por los propios méritos de la profesión. Y es que, entre las diferentes entrevistas que le han ido realizando a Trinidad Jiménez, llama especialmente la atención la que le hacía, el pasado sábado 8 de mayo en el diario La Razón, su responsable de Sanidad, Rosa Serrano.
Redactora de prestigio, rigurosa profesional de las letras, Serrano se ha alzado como la única periodista que, entre tantas cuestiones monotemáticas sobre la gripe A -o gripe porcina-, ha hecho un hueco para introducir un tema crucial para la profesión sanitaria más numerosa del país. Por ello, entre pregunta y pregunta, formulaba la siguiente cuestión: "¿reformará la ‘ley del medicamento' para que los enfermeros puedan recetar fármacos?". A lo que la ministra Jiménez respondía: "sí, se reformará para dar respuesta a una reclamación antigua y, también, porque así solucionaremos situaciones reales. La enfermería es un sector muy profesionalizado y, con las debidas garantías, puede ejercer perfectamente esa función".
Hablar de prescripción enfermera, sin complejos
La verdad es que Trinidad Jiménez está haciendo muy bien sus deberes. Prueba de ello es lo magníficamente que está gestionando la crisis de la gripe A, algo en lo que tiene mucho que ver también su equipo, en el que se incluye su directora de Comunicación, María Jesús García González, que ha conseguido que hasta los medios más díscolos con las hordas socialistas acaben destacando a la ministra en sus cuadros de honor y reconocimiento, donde cada semana siempre destacan alguna personalidad política por la gestión que ha llevado a cabo. A esta realidad, hay que sumarle la valentía con la que ha reconocido que los enfermeros deben prescribir por razones tan sencillas como el hecho de que estén haciéndolo diariamente, y que tengan una preparación profesional que les avala y acredita para llevarlo a cabo con plenas garantías de seguridad para sus pacientes. Casi nada.
Ahora sólo toca que esta convicción expresada tanto por la ministra Trinidad Jiménez, como por la portavoz de Sanidad de PSOE en el Congreso de los Diputados, Pilar Grande, se materialice cuanto antes en un cambio de la ‘ley del medicamento'. Sólo así podríamos pasar página a esta situación que tantos quebraderos de cabeza nos ha generado, debido a la obcecación y a la incapacidad de diálogo demostrada por unos pocos que, sin embargo, han tenido la capacidad de hacer ruido, capacidad que han utilizado para insultar y menospreciar a una profesión que, paradójicamente, resulta absolutamente esencial para que puedan hacer su trabajo en el día a día.
Un par de segundos, quizás tres. Ese es el tiempo que tarda exactamente en cambiarte la vida para bien o para mal. Fue el tiempo que tardé en saber, el pasado lunes 30 de marzo, que la llamada que recibía de mi mujer no era rutinaria, que algo malo estaba ocurriendo. Cuando pronunció el nombre de uno de mis hijos fue cuando se confirmó que las malas noticias giraban en torno al que es mi punto débil, de cara a afectar al centro neurálgico de mi capacidad para encajar los golpes de la vida. Entonces, la situación pasó a ser verdaderamente crítica. Iba con mi hijo Íñigo camino del Hospital Niño Jesús de Madrid con lo que había sido definido por la pediatra de nuestro ambulatorio como un cuadro sospechoso de meningitis. La médico había dejado bien claro que, en la inmensa mayoría de los casos, las meningitis son víricas y, por tanto, se curan con las mismas complicaciones que un simple catarro. Pero uno trabaja en esto de la salud y sabe que "la china" de la meningitis bacteriana puede tocarte y que las complicaciones pueden ser fatales.
Ya existe un borrador de la norma con la que la Consejería de Salud de Andalucía quiere dar legalidad a las actuaciones de prescripción farmacológica que llevan a cabo diariamente los enfermeros en su comunidad. Cabe señalar que dicho texto legislativo ha sido elaborado con las aportaciones de los diferentes grupos de trabajo que, en su día, fueron creados para tal fin, todos ellos formados por enfermeros y médicos conocedores de la realidad asistencial y, por tanto, verdaderos expertos en asistencia sanitaria. La prescripción enfermera, por tanto, está a punto de ser una realidad en Andalucía.
La Sanidad conforma un círculo bastante más reducido de lo que uno puede imaginarse. Por eso, cuando asisto a algún acto institucional, muchas veces tengo la oportunidad de abordar la prescripción enfermera con aquellos defendieron posturas enfrentadas. Así, hace varias semanas coincidí con el presidente de una de las sociedades científicas médicas que mayor protagonismo asumió entre los detractores de la prescripción enfermera que, al saludarnos, me reconoció sentir cierto alivio porque los ánimos se habían calmado mucho y la tormenta mediática sobre la prescripción enfermera había dado paso a cierta calma. Un alivio que compartimos todos los que estuvimos involucrados en este enfrentamiento de posturas porque, sinceramente, no es agradable tener que enfrentarte a nadie en los medios de comunicación un día sí y otro también, como era el caso hace tan sólo unos meses. No obstante, tampoco perdió la oportunidad de volverme a recordar su absoluto desacuerdo con la prescripción y yo le contesté que como ciudadano no podía comprender su postura y para justificarlo recurrí al que entiendo que es nuestro mejor argumento, que no es otro que analizar con él al detalle los casos concretos en los que los enfermeros ya prescriben. Le hablé de las úlceras por presión y me reconoció que era una patología en la que el cuidado y tratamiento estaba en manos de los enfermeros. Lo mismo pasó con las heridas, las quemaduras, la asistencia del parto sin complicaciones, y un largo etcétera.
En el largo camino emprendido por la profesión enfermera para conseguir la legalidad de aquellas actuaciones profesionales que incluye la toma de decisiones respecto a los fármacos a administrar a sus pacientes, ha habido dos mujeres que han destacado por su valentía. Ambas son socialistas y médicos, y como tales, han trabajado gran parte de su vida en hospitales y centros de salud, dejándose la piel por el paciente. Una circunstancia que les ha conferido un conocimiento real del funcionamiento de la sanidad, una conciencia de lo que ocurre realmente de facto en la vorágine sanitaria donde la colaboración multidisciplinaria impide cualquier atisbo de corporativismo rancio, donde el bienestar del paciente está siempre por delante de cualquier otro interés.
Seguro que el lector recuerda los tiempos más duros de este conflicto. Concretamente, el espacio que se extiende desde abril de 2006 hasta julio de 2007. Por aquel entonces era Ministra de Sanidad y Consumo Elena Salgado, un ingeniero que no sabía absolutamente nada de sanidad y que se caracterizaba por mantener una línea fundamentalista que se basaba en menospreciar a todo aquel que no pensase lo mismo que ella. Salgado se oponía abiertamente a la prescripción enfermera y siguiendo su línea de pensamiento, se negaba, ya no a dar solución a esta situación, sino ni tan siquiera a escuchar los argumentos científicos sólidos que existían y probaban la ilegalidad en la que había inmerso su Ley del Medicamento a las 240.000 enfermeros y enfermeras. Es entonces cuando estas dos mujeres —que se llaman María Jesús Montero y Marina Geli y son consejeras de Salud en dos comunidades autónomas tan relevantes como Andalucía y Cataluña— se desmarcaron de Salgado y reconocieron abiertamente la necesidad de legalizar cuanto antes la prescripción enfermera.